La lluvia golpeaba con fuerza los ventanales de la vieja casona en las afueras de Madrid. El sonido era un eco constante, casi rítmico, que compasaba los latidos de un corazón cansado. Elena sostenía entre sus manos una taza de café ya frío, con la mirada perdida en las sombras que proyectaba la chimenea. En su regazo descansaba un viejo cuaderno de tapas de cuero desgastado, el guardián de sus memorias más profundas, aquellas que dolían pero que se negaban a morir.
—Podríamos intentarlo —le había dicho ella aquella tarde, con la voz rota—. La distancia es solo un número. Amarte fue la razon - Jenny Del.epub
"No me pidas que te olvide", decía el papel. "Porque cada paso que dé lejos de aquí estará guiado por tu recuerdo. Dicen que el amor debe darnos alas para volar juntos, pero el nuestro nos exige aprender a volar separados. Si alguna vez te preguntas por qué dolió tanto, recuerda que amarte fue la razón de todo lo que fui y de todo lo que seré". La lluvia golpeaba con fuerza los ventanales de
Hacía exactamente diez años que Julián se había marchado, dejando tras de sí un vacío que el tiempo, obstinado en su curso, no había logrado llenar. No fue una despedida con gritos ni reproches; fue el silencio de una decisión inevitable el que fracturó sus mundos. Él tenía un destino trazado por el deber y la distancia; ella, un arraigo ciego a la tierra que la vio nacer y a las promesas que no podía romper. En su regazo descansaba un viejo cuaderno de
—La distancia destruye lo que no se puede tocar, Elena —respondió él, con una tristeza infinita en los ojos—. No quiero que nos convirtamos en fantasmas que habitan en la memoria del otro. Quiero que vivas.
Elena cerró los ojos. Al hacerlo, casi pudo oler el perfume a madera y lluvia que siempre lo acompañaba. Recordó la última tarde en el muelle, cuando el sol se teñía de violeta y las olas parecían susurrar secretos que ellos no querían escuchar. Él le había tomado las manos, transmitiéndole un calor que todavía parecía quemar su piel en las noches más frías.